QUÉ RELACIÓN
EXISTE ENTRE EL SEXO Y LA ESPIRITUALIDAD?
En la época en que vivimos se escucha hablar constantemente
sobre conexión e integración. Las tecnologías como Internet han cambiado la faz
del planeta, haciendo posible la comunicación entre lugares distantes y
culturas muy diversas entre sí. Por otro lado, ciencias puras como la física,
las matemáticas y la biología se integran con otras disciplinas como la
medicina, la psicología y la administración de empresas.
También se habla con frecuencia sobre la integración entre
cuerpo, mente y espíritu, y en consecuencia, de la conexión entre sexo y espiritualidad.
Históricamente, ha existido en la mente de la humanidad una
separación entre cuerpo y alma, materia y espíritu, con lo cual aspectos como
la sexualidad y la espiritualidad parecieran llevar hacia distintos caminos.
Sin embargo, existe una profunda conexión entre ambos aspectos tan vitales para
el ser humano.
Sigue leyendo para que conozcas algunos puntos de
confluencia entre sexo y espíritu, más allá de las creencias religiosas, pero
reconociendo que existe un espíritu o energía que anima nuestro mundo material:
La energía sexual es la misma energía de vida que creó el
Universo
Las filosofías espirituales antiguas – como el Tantra,
Budismo, Yoga y Taoísmo – y las modernas – como el movimiento de la Nueva Era –
afirman que la energía vital que anima a todo lo que existe, incluyendo los
seres humanos y la vida sobre la Tierra, proviene de una única fuente
universal.
Es así como nuestra energía de vida primordial, es decir,
nuestra energía sexual, es parte de esta energía creativa universal. La energía
vital, también llamada por las corrientes orientales Chi o Kundalini, se
asienta en los órganos sexuales y es la energía que usamos todos los días en
las distintas actividades diarias, y no sólo durante el acto sexual y la
procreación. Por ese motivo, es importante nutrirla día a día, ya que nacemos
con una cantidad limitada de energía que podemos potenciar mediante actividades
saludables para vitalizar el cuerpo, la mente y el alma permanentemente. La
energía Kundalini nos da vida, circula por todos nuestros órganos y es una
energía que también sube hasta los chakras superiores para elevar nuestro
estado de consciencia y promover nuestra evolución espiritual.
La sexualidad se vive en el eterno presente
La sexualidad tiene mucha similitud con la meditación y
otras prácticas para el desenvolvimiento espiritual, como la oración y la
detención para observarnos a nosotros mismos. En general, las prácticas
espirituales buscan armonizar nuestros pensamientos y sentimientos, lograr una
visión más amplia y objetiva de nosotros mismos y de nuestra realidad
cotidiana, y dejar de identificarnos con el ego. Una de las primeras
recomendaciones para ello, es ubicarse en el presente, que es nuestro campo de
trabajo continuo, lo único que realmente existe y que podemos cambiar. Sólo en
el presente podemos vivir, compartir y experimentar la vida y la sexualidad.
Mientras más nos centremos en el presente, más presentes estaremos en nuestro
cuerpo y en nuestro espíritu, y más se ampliará nuestra capacidad de percibir
la realidad, así como de sentir y vivir intensamente y a plenitud las experiencias
a través de nuestros sentidos.
La vida se vuelve más vibrante y plena cuando dejamos pasar
– como si fueran nubes que vienen y van – los pensamientos y sentimientos. Así
descorremos una especie de cortina o manto que nos impide ver, sentir y experimentar
profundamente la vida. Cuando estamos conectados desde nuestro cuerpo físico,
arraigados en la Tierra, tenemos más fuerza interior para conectarnos con
energías sutiles y espirituales que harán que nuestra vida de todos los días,
desde el cepillarnos los dientes, cuidar a los niños o hacer el amor, adquiera
más sentido y sepamos con certeza que nuestras vidas individuales forman parte
de una gran red llena de sentido.
En cuanto a la sexualidad, si no estamos conectados al
cuerpo y al presente, nuestra capacidad para sentir y expandir el placer sexual
estará disminuida. Por ello, si nos sentimos poco sensuales o con bajo deseo
sexual, funciona el relajarnos, respirar profundamente o de manera más
acelerada para activar la energía, además de enfocarnos en el placer sensorial
y en la persona con la que estamos compartiendo.
Para vivir una sexualidad plena hay que soltar logros y
metas
No pensar o aferrarse a metas ni logros es otra
recomendación de muchos caminos espirituales. Por ello, filosofías como el
Tantra sugieren que el orgasmo no es la meta del encuentro sexual. Si
convertimos al orgasmo en nuestra meta, nos perderemos de todas las otras
infinitas posibilidades que podrían ocurrir durante la experiencia sexual. En
otras palabras, estaremos atados a nuestros pensamientos y expectativas de lo
que creemos que debería o no debería ser un orgasmo, evaluando si vamos por
buen o mal camino. Estaremos en nuestra mente, no en nuestro cuerpo ni en
nuestro Ser. Más allá de todo eso, donde la Vida sólo es, sin espacio ni
tiempo, existe el gozo, el placer y el éxtasis que se expande ilimitadamente. Y
podemos conectarnos con este nivel de consciencia desde el presente y con la
actitud cándida y abierta de un niño que sólo espera maravillas desconocidas por
venir.
A través de la sexualidad y el amor nos hacemos Uno con los
demás y con el Universo
La experiencia sexual es similar en muchos aspectos a la
experiencia mística de profundo éxtasis y gozo espiritual. El sexo nos puede
trasportar hacia estados intensos y sublimes de placer, gozo y unión, no sólo a
nivel emocional sino también espiritual. Hay momentos de profunda integración y
conexión con el otro, así como de unión con todo lo que existe. Esto sucede
cuando la energía sexual fluye libremente hacia arriba y expande la consciencia
de la persona, haciendo de la experiencia sexual algo verdaderamente
trascendente. En ese estado expansivo la persona es capaz de sentir un amor
ilimitado a la vez que se siente profundamente amada e integrada con todo lo que
existe.
Por Marianne Leyton Lemp
Experto de Sexo
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